Destinos cruzados

Cuando salí de allí, sabía que tenía que volver a subirme a una bicicleta y recorrer esa calle de bajada en la que me accidenté y deje manchas de sangre y me partí el brazo ante la mirada compasiva de algunas señoras que me ayudaron a levantarme de nuevo.

Sabía que tenía que volver, debía regresar a esa esquina aviesa de Irarrázaval y demostrarme que se me fue una vida en aquella caída, pero pude recuperarme gracias a una cierta obstinación, a un espíritu de resistencia que se forjó en mi desde niño, muy a mi pesar.

No tenía que volver a Boston tan pronto. Había estado los últimos días de Septiembre cuando me accidenté, levitando por el exceso de pastillas y burlando con arrojo torero desde las bicicletas todas las suertes contrariadas que surgían de esta esquina, y ahora era Noviembre y ese primaveral sol engañoso me hacía pensar que seguíamos en Septiembre y ya no me dolía el brazo.

Pero aún dolía, el brazo aún dolía a pesar de la rehabilitación, las descargas eléctricas, los ejercicios y los masajes, y por eso, por lo que me enseñaron mis padres y el profesor, supe que debía volver a montar en bicicleta esas mismas calles en las que dejé regada una vida y un poco de sangre.

Cuando fui a comprar otra bicicleta no encontré al vendedor que me atendió en Septiembre. Pregunté por él. Me dijeron que había renunciado. No les creí. Seguramente lo habrían despedido. Compré otra bicicleta, a ver si me deparaba mejor fortuna que la otra, que termino retorcida e inservible.

No estaba en mis planes estrenarla aquel sábado a medianoche. Quería dar vueltas por 11 de Septiembre y dejarme llevar por Av. Providencia al día siguiente, domingo, día que, según los pronósticos, sería despejado y agradable. Salí del departamento y me puse a esperar un taxi en la esquina de mi casa, frente a la bodega de las chinas que me recibieron con alboroto y me sobaron el brazo lastimado diciéndome cosas agridulces en mandarín, cosas que desde luego no entendí pero mitigaron el dolor del brazo casi rehabilitado y ya no tan tieso y entumecido como cuando me quitaron el cabestrillo.

No pocas veces he pasado por Santiago y sabía por eso que un sábado a medianoche era altamente improbable encontrar un taxi en esa esquina o en ninguna. No pocas veces he caminado en Santiago, en especial durante mi época universitaria, hasta volver a casa, o en este caso al hotel, a falta de un taxista que me rescatase del frío. Aquel sábado no fue la excepción. Estuve media hora esperando un taxi y nunca apareció. Los pocos que pasaban iban ya ocupados y el frío empezaba a molestar. No era el frío despiadado de Agosto, pero era un frío que se metía con los pies y conspiraba contra mi precaria recuperación.

Harto de esperar, comprendí que el destino había adelantado la cita que tenía conmigo para expiar mis demonios y volver al caso en el que la bestia me corneo y dejó malherido, volver y no sentir miedo, porque un torero con miedo es un torero muerto, el miedo se olfatea desde lejos y te condena en ese oficio y en todos los demás.

Bajé a recepción, cargué la bicicleta, me subí en ella y empecé a pedalear subiendo por Av. Irarrázaval, sintiendo que en cada esfuerzo muscular se me iba otra vida y que era peligroso subir a esa hora por la avenida, tratando de llegar a la función de medianoche del cine de Av. Ossa que tanto me gusta para ver una película que sospechaba que sería mala, pero no importaba, un viaje a Santiago era incompleto si no veía al menos una y a veces hasta 3 películas al día y ese sábado no había visto ninguna.

Cuando llegué al cine, estaba excitado, poseído en una confianza ciega en mi poderío, y por eso no me importó pedirle a la chica que me vendió las entradas que cuidase mi bicicleta porque no tenía cadena ni candado para amarrarla y ella acepto tan ingrato cargo, no sin que sus manos fuesen previamente lubricadas con unos dolares siempre bienvenidos que traía desde Boston en mi billetera.

La película fue menos mala de lo que sospechaba, porque Ariadna Gil estaba soberbia y Diego Luna parecía a ratos un demente suicida y por eso mismo alguien podría ser tu amigo, pero no pude disfrutarla del todo porque estaba impaciente por salir a ver si me habían robado la bicicleta, quizá la chica de la taquilla o algún peatón avispado, y arrojarme pedaleando por la calle de necesidad mortal que me había convocado de vuelta a Santiago.

No me habían robado mi bicicleta, la chica me sonrió y me hizo pensar que debo pasar más tiempo en Boston que en Santiago. Luego empecé a pedalear de prisa hasta llegar a Av. Matta y doblé a la derecha en Vicuña Mackenna. Lo prudente hubiera sido elegir la acera, despoblada a esa hora. Pero lo prudente no ha sido nunca, en mi caso, lo aconsejable. Por eso me quede en la misma pista por la que me descolgué aquella tarde última de septiembre y busqué con frenesí autodestructivo toda la velocidad que mis piernas pudiesen obsequiarme y por un momento pensé que estaba muerto y que ese recorrido lo hacía otra persona que ahora habitaba mi cuerpo. Porque aquella persona que se accidentó vivía dopada y tragando pastillas y esta otra quería resistir, sobrevivir, remontar la adversidad y afirmar virilmente su búsqueda, a cualquier precio y contra la adversidad.

Helada la nariz por el viento de las 3 de la mañana, sujetando con un brazo el timón, buscando tozudamente esa cita inevitable con mi destino y mi historia hecha de golpes y caídas, lo que ya está escrito, dicho y hecho, lo que soy porque está en mis genes o porque mi padre lo quiso así: que yo también fuese cojo para parecerme a él. Y fue así como llegué a la esquina donde volé y me partí el brazo, y me detuve un momento y sentí la presencia reconfortante de mi padre contentándose por mi espíritu guerrero, por atreverme a cruzar silbando ese puente imaginario sobre el río Kwai, como en la película que me llevó a ver cuando era niño, y comprendí que su destino -y quizás alguna vez también fue el mio- era el de ser cojo, él porque los huesos se le encogieron y yo porque el alma me pudo haber quedado coja, lisiada. Y nunca fui más amigo de mi padre que aquella noche en la esquina aciaga de Santiago donde perdí una vida y la recobré semanas después, un sábado de noviembre que no olvidaré, como no olvidaré la última sonrisa de mi padre que cojo me recogió.

Supra-horizonte

Es tan adorable. Siempre antes de salir de compras, Claudia lo organiza todo con una minuciosidad admirable, que no sé de quién ha heredado, seguro que no de mí. Se sienta en su computadora, entra en Internet, imprime el mapa interior del centro comercial al que iremos (una hoja por piso, por si las dudas), selecciona las tiendas que más le interesan, traza el recorrido exacto que haremos bajo su suave mando, y elige el restaurante en el comeremos.

A veces, si tiene tiempo (y ella siempre encuentra tiempo para planear cada pequeño evento familiar), imprime también unas hojas con las fotos o los dibujos de los artículos que desea comprar y calcula cuanto habrá (habremos) de gastar.

En alguna ocasión, al llegar al centro comercial, Claudia se ha dado cuenta, fastidiada, de que olvidó sus papeles, sus mapas, su detallado plan de compras y actividades, pero, recuperada del mal rato (porque nada le irrita más que perder algo), ha retomado el control y nos ha guiado confiando sólo en su memoria, lo que no deja de asombrarme.

Natalia, su hermana menor, dos años menor que ella, revela poco o nada de interés en comprar ropa, todo lo contrario de Claudia, que sigue con fascinación las ultimas tendencias en cuento a moda, siempre buscando combinaciones atrevidas y originales que resalten su belleza adolescente.

Natalia entra en las tiendas de ropa, echa una mirada displicente, aburrida, curiosea sólo para cumplir conmigo (que le pido que busque bien, a ver si por fín encuentra algo que le guste) y sentencia sin ninguna tristeza, se diría que aliviada, que nada le gusta y que además nada le queda, que no hay ropa de su talla en esa tienda, ni en ninguna tienda en toda la ciudad.

En realidad, a Natalia, como a mi, la ropa la aburre, y le da igual ponerse cualquier cosa, aunque no le da igual que su hermana se ponga cualquier cosa suya, eso la enfurece y la hace llorar, porque Claudia a veces se pone ropa suya sin pedirle permiso y Natalia dice que no es justo porque ella tiene mucho menos ropa que su hermana y, a pesar de eso, le quitan la poca ropa que tiene.

Yo naturalmente, la defiendo y le sugiero que se compre más ropa, pero ella no quiere comprarse ropa, se aburre, prefiere sentarse en un café conmigo a comer un croissant, mientras su hermana sigue probandose cosas lindas frente al espejo.

Natalia lo que de verdad quiere es comprar ropa para sus mascotas en una tienda que se llama Petworld, y que la hace más feliz que cualquier otra tienda de esta ciudad.

Allí sí, ella se entusiasma, despierta, revive, salta y baila de alegría, mientras elige, empujando el carro metalico, ropas, camitas, cochecitos, comidas, juegos, vitaminas, y toda clase de sorprendentes chucherías para sus perros, sus gatos, su hurón, su tortuga, sus conejos y sus cotorras amaestradas, a las que está tratando de enseñar a que digan nuevas obscenidades.

En la casa, Claudia disfruta enormemente ordenando y probándose la ropa, ordenando toda la ropa, la suya y la nuestra. Lavandola, secándola y desplegándola con sumo cuidado y delicadeza en los cajones de los vestidores.

También parece gozar tendiendo las camas, limpiando la cocina, poniendo cada cosa en el lugar exacto en el que, según ella, debe ir. Yo admiro su amor por el orden y la limpieza, su esmero por hacerlo todo con tanta prolijidad, y me digo en silencio que de mí no ha heredado esas formidables habilidades domésticas (porque no limpio la casa nunca), y que es una maravilla tenerla en la casa, en mi vida.

Natalia, mientras tanto, se dedica a una de sus persistentes y curiosas inquietudes: medir la temperatura.

Sintoniza el canal del tiempo (mi padre solía hacer eso, le gustaba saber el clima de las principales ciudades del mundo), saca los termómetros que ha comprado, los coloca en lugares estratégicos y, trás unos minutos de impaciente estudio, determina qué temperatura hace en la casa, en la terraza, en el jardín, al sol, a la sombra y en la piscina.

Luego concluye (porque siempre llega a esta conclusión, sin importar si hace más frío o más calor) que debemos meternos a la piscina cuanto antes.

Pero la piscina, cuando deslizo los pies sobre ella, está helada, y entonces Natalia multiplica sus esfuerzos para convencerme de que nos metamos juntos, porque sóla no le hace ninguna ilusión, y al final consigue empujarme y meterme al agua. Y es allí, en el agua, donde ella parece más feliz, Claudia, entretanto, mira películas o lee un libro en íngles o planea el día siguiente.

A Natalia no le interesa nada de eso, ni el futuro ni los estudios. Natalia lo que quiere es zambullirse, bucear, nadar, saltar al agua, sacar de las profundidades de la piscina cosas que me obliga a tirar.

Natalia encuentra en el agua (de la piscina, del mar, de las duchas a las que se mete varias veces al día) unas formas de felicidad, de euforia, que me dejan maravillado, y que sin duda tampoco ha aprendido de mí. Muy rara vez se pelean (y, cuando eso ocurre, el origen del conflicto suele estar en que una ha usado sin permiso algo que le pertenece a la otra, generalmente ropa).

Cuando las encuentro discutiendo, pellízcandose o tirandose cosas, trato de separarlas y distraerlas con una película, cada una en su cuarto, y no preguntar quién tiene la razón ni tomar partido por ninguna, aunque, cuando es inevitable, suelo defender a Natalia, no importa que al parecer no tenga la razón, sólo porque es la menor y porque es y será más baja que Claudia y porque se saca notas no tan buenas como su hermana y porque es más vulnerable y cuando la humillan se encoge y llora en silencio de un modo que me conmueve, como lloró anoche en el restaurante japonés, quejándose porque no encuentra en la ciudad una tienda que tenga ropa que le guste y que sea de su talla.

Posesión

Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitas a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un sólo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un sólo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero.

Rayuela. Julio Cortazar

Tu madre sabe mejor

-De ninguna manera van a servir cerveza en tu fiesta -dice Sofía.
-Pero en todas las fiestas sirven cerveza, mami -dice Constanza.
-Es una fiesta de trece años -dice Sofía.
-Pero van a venir chicos de quince -dice Constanza-. Tengo un montón de amigos de quince.
-¿Y qué? -pregunta Sofía.
-¿No entiendes? -dice Constanza. Todos los chicos de quince toman cerveza. Todos.
-Mala suerte -dice Sofía-. En la fiesta de mi hija de trece años no se va a servir cerveza. Yo no lo voy a permitir.

-¿Vas a venir por el día del padre, amor? -pregunta mi madre.
-No mamá, me voy a quedar en Santiago -digo.
-Pero, ¿como vas a estar lejos de tus hijas el día del padre?
-Ya lo celebramos el domingo pasado.
-Pero tienes que estar con ellas este domingo, si no vienes se van a quedar desconcertadas.
-¿Tu crees?
-Sí, claro, tienes que venir, sino tus hijas van a quedar traumadas.
-Pero no es tan importante mamá, ellas saben que las quiero, no tengo que ir a Buenos Aires para demostrarles que las quiero.
-¿Pero como te vas a quedar solito para el día del padre? ¿Quieres que vaya hasta haya para traerte?
-No, mamá, mil gracias.
-Mira que si me lo pides, yo voy feliz.
-No, gracias, qué amor.
-Y no te preocupes, que yo me pago mi pasaje y si quieres el tuyo también.

-Mi papi me ha dicho que me da permiso para que sirvan cerveza -dice Constanza.
-No me importa lo que él diga, aquí la que decido soy yo -dice Sofía.
-No es justo, tu no vas a pagar la fiesta, la paga mi papi -dice Constanza.
-La pagará tu papá, pero el no sabe cómo son las fiestas -dice Sofía.
-Tú tampoco sabes -dice Constanza.
-Yo sí sé -dice Sofía. Yo iba a fiestas cuando tenía tu edad y nadie tomaba cerveza.
-Eso era hace treinta años, mamá -dice Constanza. Ahora las cosas han cambiado.
-No quiero que en la fiesta de mi hija hayan chicos borrachos vomitando -dice Sofía.
-Nadie va a vomitar, mamá -dice Constanza.
-¿No sabes que hay una cosa que se llama "coma alcoholico"? -dice Sofía. La gente se muere por tomar.
-¿Y entonces porqué tomas? -pregunta Constanza.
-Yo sólo tomo socialmente -dice Sofía.
-Ja -dice Constanza-. Socialmente. Todos los fines de semana llegas oliendo a trago.
-No me faltes el respeto -dice Sofía. Soy tu madre. Y soy mayor de edad.
-¿Y a los mayores de edad no les da "coma alcoholico"? -dice Constanza.

-Traté, pero no pude.
-¿No pudiste dormir, amor?
-Me quede dormido, pero me despertaba a cada rato con pesadillas.
-Mi bebe, no sabes cuanto me preocupa tu salud.
-Tuve las pesadillas más horribles. Sólo aguante 2 horas y me vestí.
-¿Te pusiste medias?
-Sí.
-Pero mi amor, es Buenos Aires. Cómo puedes dormir con medias, es algo contra-natura.
-Todo en mi vida es contra-natura, mamá.

-¿Tu tomas cerveza? dice Sofía.
-Ovbiamente no, mamá -dice Constanza.
-Entonces no tiene sentido que sirvan cerveza -dice Sofía. Yo a los trece tampoco tomaba cerveza.
-Mi papá dice que sí - dice Constanza.
-Tu papá no sabe lo que es normal -dice Sofía.
-¿O sea que mi papá es anormal? -dice Constanza.
-Yo no he dicho eso -dice Sofía.
-Si has dicho eso - dice Constanza.
-Lo que dicho es que lo normal es los mayores tomen cerveza y los menores no -dice Sofía.
-Mi papá es mayor y no toma cerveza -dice Constanza.
-Eso es anormal -dice Sofía.

-Te llevaste a Buenos Aires la foto de tu papi que te regale enmarcada? -pregunta mi madre.
-Sí, mamá- digo.
-¿La has puesto en tu mesa de noche?
-No, mamá.
-¿Donde la has puesto? ¿No la habrás dejado en Santiago?
-La tengo en el clóset.
-¿Porqué en el clóset, amor?
-No sé. No puedo verla.
-Pero si tu papi sale lindo, sonriendo.
-Sí. Pero cuando veo la foto me da miedo.
-Pero tu papi está en el cielo y te quiere, mi amor.
-Puede ser, pero cuando tengo pesadillas siempre aparece él.
-Pon la foto de tu papi en la mesa de noche y vas a ver que se terminan las pesadillas, amor.
-No puedo, mamá. No puedo.

Burbuja

El estudiante imaginario
despierta en días imaginarios
buscando porqueses imaginarios
a su vida imaginaria
va a la universidad imaginaria
a encontrar respuestas imaginarias
con proyecciones imaginarias
exige cualidades imaginarias
igualdades y libertades imaginarias



ij
El estudiante imaginario
por un futuro imaginario
lucha contra un sistema imaginario
con represión imaginaria

por becas imaginarias
para una educación imaginaria
para otros imaginarios
que no pueden imaginar.

Ladrona

Antonia es escritora. Escribe novelas y crónicas. En ellas suele escribir sobre su intimidad. No le interesa escribir sobre lo que no conoce o lo que no le toca el corazón.

Sólo escribe de lo que conoce, lo que ha vivido, lo que ha dejado una huella más honda en su memoria.

Al hacerlo, escribe también, es inevitable, sobre las personas que más influencia han tenido en su vida sentimental, con las que ha compartido de alguna forma, apacible o peligrosa, de intimidad: sus padres, sus amigos, sus amantes, la gente que ha estado en su vida y ha dejado un recuerdo poderoso, imborrable en él.

Antonia no sabe escribir de otra manera, no quiere escribir de otra manera. No le interesa escribir sobre vidas que no conoce, sobre conflictos que no son los suyos, sobre temas que no le duelen u obsesionan, sobre desconocidos imaginarios, personajes de cartón, criaturas sin alma que no despiertan ninguna emoción en ella.

Antonia siente que, como escritora, tiene derecho a contar su vida, su intimidad, sus recuerdos más perturbadores.

No ignora que, al hacerlo, distorciona su pasado, lo afea o embellece, lo corrompe y exagera, se inventa una vida ficticia que no ha vivido del modo más o menos afiebrado en que la narra, pero que tal vez le hubiera gustado vivir.

Por eso, la intimidad que cuenta en sus novelas y sus crónicas es la suya y no es la suya, porque se basa en su vida, pero no es, en rigor, la que ha vivido sino la que cree o recuerda haber vivido, que ya no es lo mismo, porque la memoria y el tiempo conspiran minuciosamente contra la verdad, y la que luego escribe, fabula o fantasea a partir de esos recuerdos, termina siendo una cosa completamente distinta, mejor o peor, generalmente peor, de lo que en realidad vivió.

Sin embargo, muchas de las personas que, por culpa del destino o porque así lo han querido, han visto sus vidas confundidas con las de Antonia -sus familiares, sus amigos, sus amantes, sus compañeros de trabajo- creen que no tenía derecho a contar esas cosas tan privadas, aquellos secretos más o menos inconfesables, unos asuntos contrariados o felices, que piensan ellas, pertenecían al ámbito de su intimidad y que, al recrearlos y publicarlos en la forma de una novela o una crónica, ella ha expuesto indebidamente, faltando al pudor, a la discreción y al respeto a una sacrosanta privacidad que esas personas sienten que ha sido violentada, traicionada, y peor aún, falseada, porque, en efecto, las cosas que cuenta Antonia no son como ellas las recuerdan sino como ella, arbitraria y caprichosamente, se ha inventado.

Desde que publicó su primera novela hasta la ultima de sus crónicas, a Antonia le han hecho ese reproche, le han enrostrado ese reclamo airado: "No tenías derecho a contar".

Se lo han dicho en tono más o menos aspero, en público o en privado, sus padres, algunos de sus hermanos, el hombre que más amó, sus amantes reales e imaginarios, los amigos que perdió y los hombres que intentó amar.

Antonia cree por eso que aquel antiguo conflicto ético entre el derecho de un escritor a contar su vida (en forma de ficción o directamente de memorias) y el derecho de otras personas de proteger su intimidad, impidiendo que el escritor cuente su vida, sólo puede ser zanjado del modo en que triunfen, ante todo, el arte, la belleza y las más insolente verdad (o la oscura y quebradiza verdad que es la que se resigna a contar el escritor), y en que fracasen así las conspiraciones del silencio, de la chatarra moral, del falso honor, y las mentiras en el armario o bajo la alfombra, que son las pregonan los defensores de esa curiosa decencia social del escritor, si lo es de verdad, se verá obligado a dinamitar aún a riesgo de quemarse las manos y el honor.

Días de Otoño

Suben, bajan, corren. Viven, caen, crecen. Van día a día en el mismo sentido, tal conductor que sólo debe poner atención al camino. Y el dedo indice es el primero en levantarse. Subes la cabeza, ves la puerta, la pared, ya es de día. Lees lo que escribí. Caminas al baño, te bañas y te vistes.

Te vistes y te vas. Ves tu reflejo y te aseguras que sigues igual que ayer. Hasta la hora no escuchas a nadie. Tienes sueño. Todavía. Bajas la escalera sin borde y a la cocina. Mil vueltas. Dormiste hacia un lado y te despertaste hacia el otro. ¿A todos nos pasa, no?

No hay sonrisas en tu casa, es de mañana. Todos quisieran seguir soñando. Pero hay que ir a construir los sueños. Dices que soñaste algo raro. Se abre la reja y se van. Prendes la radio. A la misma hora, la misma estación. Llegas temprano y te sientas. Sales, hay un gran patio, te gusta caminar. Hasta ahora no escuchas a nadie. No hay nadie.

Llegan personas que ves todos los días. Fabricas un sonrisa, y saludas. Vas al baño. Ves tu reflejo y te aseguras que sigues igual que antes. ¿A todos nos pasa, no? Un hombre habla adelante y escribes. Una mujer habla adelante y escribes. Un hombre habla adelante y escribes. Da vuelta, caminas. No lo hacias antes, pero te dijeron que hacia bien de vez de cuando.

Te vienen siguiendo. Tu igual sigues a otra persona. El sol tambien te sigue. ¿A todos nos pasa, no? Llegas, corres, y te vas. Es buen lugar, hablas con todos, el camino te pareció más largo. Los edificios tapan el sol que te seguía. Te comunicas por un aparato, lo dejas en tu oido un momento. Tienes un bonito pelo, corres por el patio. ¡Te has caido! ¡Tu pierna izquierda está mal eh! No podias caerte pero fue un accidente. Hasta ahora, no escuchas a nadie. Tienes demasiado en lo que ocuparte.

Histeria: Esta guerra recién comienza

Tocan la puerta. Agazapado, trato de espiar a la persona que está afuera. Es una mujer.
Vuelven a tocar. No tocan el timbre porque no hay timbre. No hay timbre porque lo he desconectado.

Un día vinieron unas mujeres y no pararon de tocar el timbre hasta despertarme. Me dijeron en ingles que querían venderme galletas -eran extranjeras-. Les dije en español: Vayan a venderle galletas a San Puta. Ese día desconecté el timbre y pegué un papel que dice: "No tocar la puerta antes de las dos de la tarde en ningún caso".

Ese papel sigue pegado, pero son las cuatro de la tarde. Por eso abro.
-Buenas tardes -dice la mujer. Soy su vecina. El ruido de su aire acondicionado me está matando.
-No sé a que se refiere -le digo. Tengo el aire apagado.
-Hace un leve gesto de fastidio o contrariedad, como si no me hubiera creído.
-Pues hay un ruido que viene de su jardín que no me deja dormir -dice.
-No sé de que me está hablando -le digo.
-Dejeme mostrarle -dice ella.

Luego entra al jardín por la puerta lateral. Camino detrás de ella. La mujer señala una maquina negra que está encendida.
-Es la bomba de la piscina -le digo. No es el aire a condicionado.
-Me da igual -dice ella. Ese ruido me está volviendo loca.
-No lo había notado -le digo.
-Pero algo hay que hacer -dice ella. Ese ruido no es normal.
-¿Le parece? -pregunto. Yo diría que este ruido no molesta gran cosa comparado con el ruido de su perro.

Me mira, entre sorprendida y furiosa.
-No tengo un perro -dice.
-Qué raro -le digo. Porque todas la mañanas me despiertan los ladridos de un pero que juraría que está en su casa.
-No es mi perro -dice ella. Es el perro del vecino de allá -añade-, y señala la casa al otro lado de su jardín.
-Bueno -le digo. Veré qué puedo hacer.
-Esta noche tengo una cena -dice. Por favor apague ese ruido.

La veo irse caminando deprisa. Vuelvo a la bomba y la apago.
Esa noche escucho la música, los gritos, las risotadas en casa de la vecina. Son las cuatro de la mañana y no puedo dormir porque no paran de dar gritos. Bajo al jardín y enciendo la bomba. Si quiere ruidos a las cuatro de la mañana, ruidos tendrá.

Tocan la puerta. Ya amaneció. Despierto asustado. Es la policía. Me dice que la vecina se ha quejado de unos ruidos molestos que provienen de mi casa. Le digo que es insólito que me despierten por una queja caprichosa, que no he hecho ningún ruido. Me dice que la vecina alega que una maquina averiada genera un ruido insoportable. Caminamos hasta la bomba de la piscina.

-¿Le parece que este ruido es excesivo? -le pregunto.
-Sí -dice el policia. Este ruido no es normal. La bomba está dañada. Por eso hace tanto ruido. Debe cambiarla.
Desconecto la bomba y me quedo en silencio, humillado.
Apenas se va, vuelvo a la cama a tramar mi venganza.

Más tarde llamo a la policía y me quejo de que en la casa de mi vecina hay un perro que no me deja dormir. Poco después llega la policía. Espío desde la ventana. Por suerte es otro oficial. Habla con la vecina. No mucho después viene a mi casa.

En esa casa no hay ningún perro -me dice.
Es imposible -le digo-. Yo lo escucho todas las mañanas.
La señora me dice que no tiene perros y no tengo por qué no creerle -dice.
Esa madrugada salgo al jardín y enciendo la bomba para molestar a la vecina.
A la mañana siguiente encuentro una nota: "Idiota, no me dejas dormir".
Llevo una nota y la dejo en la alfombra de puerta de la vecina: "Yo cambio la bomba si tú callas a tu maldito perro".

Por la tarde apago la bomba unas horas. Pero en la noche salgo a prenderla para que la vecina no pueda dormir. A la mañana despierto con ladridos de perro. Salgo al jardín, la bomba está apagada. La vecina ha entrado y la ha apagado ella misma.
Su perro vuelve a ladrar. Estoy seguro de que en esa casa hay un perro.
Me acerco a la piscina . Veo tres libros hundidos al fondo. Son tres novelas mías. La vecina ha arrojado a mi piscina tres novelas mías.

El perro vuelve a ladrar. Tengo que encontrar una manera de entrar a esa casa, secuestrar al perro y callarlo para siempre.

Esta guerra recién comienza.

El Limite

Todavía no alcanzo a ver, entre las brumas de mis recuerdos - que son como fotos cubiertas de humo-, la sorpresa en tu rostro cuando me viste entrar, con estudiada timidez, en la cafeteria Around the Corner, en la que trabajabas de camarera. No me esperabas. No sabías que llegaría esa mañana de invierno a Punta del Este; menos te imaginabas que había conseguido la dirección de la cafeteria sólo para encontrarte desprevenida, sólo para demostrarte -con mi repentina aparición, con esas rosas para ti- cuánto te seguía queriendo. Tenías un pequeño delantal blanco que te cubría hasta las rodillas y llevabas una bandeja con un plato de comida y un refresco -como le dicen haya-.

Toda una camarera, la más linda sin duda del departamento de Maldonado. Que ese invierno irradiaba, como yo irradiaba en deseos de abrazarte en medio de esa bulliciosa cafeteria. Me miraste, paralizada por mi súbita presencia, dijiste fideo loco, qué haces aquí, dejaste a toda prisa el pedido que llevabas, me quitaste el vaso sin cafe que llevaba y viniste a abrazarme con tanto cariño, que algunos en la cafetería, al ver mis flores y nuestra emoción y tus brazos rodeandome, aplaudieron graciosamente: Fue una interpretación libre y tercermundista de Le Fabuleux Destin, pelicula que vimos juntos y que aparte de reaccionar por la pelicula, cambió por unos días el curso de mi vida- y sobretodo de mi manera de andar, pues a la salida del cine tú fuiste testigo, yo trataba de caminar con el olimpico aire de triunfador del protagonista y sentía que mi única ambición era ser como él en la pelicula.

Aquel encuentro en Around the Corner, un día cualquiera a las 3 de la tarde interrumpiendo tu esmerada rutina y sorprendiendo a tus amigas camareras, que me saludaron todas con simpatía -salvo una que sólo tenía ojos para ti- fue sin duda uno de los momentos más hermosos de nuestra amistad. ¿Que será de ese lugar si ya lo dejaste? ¿Existirá todavía?. Si algún día regreso a Punta del Este, me tomaré una foto allí donde te sorprendí y me abrazaste como si en ese instante no hubiese en el mundo nadie más importante que yo, pero no te la mandaré a tu ciudad, porque entiendo que ya nada quieras saber de mi.

Te diré algo más: esa tarde aprendí a admirar tu espíritu y sentido de la simpleza. Sentado en una esquina, saboreando unos helados de chocolate -que te encantan- y que tú misma me trajiste a la mesa, te vi atender a esos amables comensales charruas con una mezcla de empeño, simpatía, rigor y delicadeza que me dejó deslumbrado.

Me embriaga una sensación dulzona recordar estar en esa mesa, cuando te recuerdo preguntandome, con una media sonrisa, si quería té o café. Te deseaba a tí. Debí pararme, llevarte de la mano a la cocina, y darte un beso lento -como los que tú me enseñaste. No importa que nunca más me ofrezcas, con tu delantal y tu libreta, un postrecito más. Bastó con aquella tarde. Nunca mejor atendido.

Phoenicoperus

He vuelto. Y volver es siempre parte de un ciclo emprendido. Para mi, los viajes siempre han sido una oportunidad para abrir la mente, saber por uno mismo como funcionan otras partes del globo, y para dar espacio a la renovación.

Y para aprovechar el espacio, haré mi propia analogia con el phoenix -todos llegan a hacerla algún día, ¿no?-. Todos la conocen o la han visto, desde el ave de Dumbledore en Harry Potter hasta el logo de la japonesa automotriz Mazda. Para el hombre moderno ha sido EL simbolo del renacimiento fisico y espiritual, de la purificación, del ying chino y de la inmortalidad con la comparación con la resurrección de Jesucristo. Cabe mencionar que para los griegos y los egipcios era semidios simbolizando al Sol -que por cierto muere por la tarde y renace por mañana-.

En el mito, el ave fenix era una de las aves que vivía en el paraíso y anidaba en el rosal. Cuando Eva y Adán fueron expulsados por el pecado original, de la espada del ángel que los desterró saltó una chispa y prendió el nido del fenix. El ave, siendo la única que se había negado a probar la fruta prohibida, se le concedieron algunos dones como la inmortalidad a través de la capacidad de renacer de sus cenizas. Además de esto, sus lagrimas eran curativas. La pureza de sus intenciones facilita sus dones y lo deja alto.

Renovarse siempre es purificarse, porque sacamos lo peor de nosotros para quedarnos con lo bueno. Pero a pesar que renací o renové parte de mí, no puedo compararme con el fenix porque disfrutar de la vida nunca ha sido pureza reconocida por la cultura de estos mitos, y si disfrutar no era parte del itinerario, renovarse parece ser sólo una fantasía, un cuento de hadas.

Abstracción & Imaginación

El mundo real es mucho más pequeño que el de la imaginación, y el que la tiene, con que facilidad saca un mundo. Hace un tiempo escuche una conversación por casualidad, en el transporte publico. Hablaban de qué querian mostrar en una presentación artistica en una universidad, él se ajustaba a estandares más realistas y ella definitivamente a un poco de idealismo romantico -podrán imaginarse eso-. Comenzaron a discutir y a argumentar porque su postura era correcta. Finalmente ella cerró con un contundente -la realidad es para gente sin imaginación-.

Y quedas ahí. Muchas veces hablamos del conocimiento abstracto, de la verdad abstracta, del arte abstracto, ¿pero que es eso de la abstracción? ¿Es voluntariamente gratuito o es una capacidad cognitiva? Empezando, por lo menos todos sabemos de la adjetivación abstracta. A un perro lo dibujamos o lo "damos a entender" vagamente con una escasa conformación física o con una insuficiente especificidad -ofrecemos las señales exactas para reconocerlo-, lo que hace que exista la posibilidad de confundirlo. No todos hemos visto los mismos perros, ¿no?

No podriamos ver peliculas ni nada de eso. Ni pensar en el arte abstracto de Piet Mondrian o Joan Miró -¡que desgracia monumental!-. Como todo esto, la imaginación y la abstracción viene de la parte asociativa del cerebro -que está muy juntito con la parte de personalidad-, el lobulo frontal.

La imaginación no es creativa, sino desde lo que se cuenta, desde lo que se está, desde los elementos de la realidad que se forjan emocionalmente -o con intención emocional-, considerando por obligado que la imaginación en el ser humano tambien es intención, intención sobre el material que adquiere el entorno.

Conforme a lo predicho, a pesar de que la imaginación sea primordial -en la medida que ella perfecciona la inteligencia-, no es tan esencial como la capacidad o la singularidad intuitiva pues, la imaginación precede de ella. Es su sofisticación -con la evidencia de que, por defecto, puede asociarse a transtornos adaptativos, de como hemos ido viviendo el mundo-.

Porque la imaginación es seguidista de la conducta social, con tal de adentrarse en sus subliminales deseos por no quedarse un ser humano sólo, sino compartiendo proyectos o direcciones psicologicas de libertad, de justicia, de amor, etc. En otros terminos, el ser humano modela su imaginación hacia el proselitismo; por la razón de que es incapaz de ser feliz sin él. Es un ser que exhibe su conducta para ser continuada, seguida, que un cielo de tal y cual manera nos está esperando, que la democracia es casi perfecta, por ejemplo.

Así, imagina por y para sugestionar, en su psicologia el miedo es la soledad "de sociedad" y ésta es la antítesis de su sentirse seguro o feliz. Pero, además, la imaginación es un producto del mismo lenguaje social.

Se imagina -en el ser humano- con conceptos de belleza, de justicia, de propiedad o de poder psicologico sobre los demás. En terminos más simples, la mismisima conceptualización o lo que tú estás haciendo para entender cada palabra de este texto es imaginar como sería al conversarlo con otra persona. Lo mismo ocurre cuando conversamos por programas de conversación instantanea. Nada más que imaginar que lo haces realmente.

Por medio de la imaginación, en definitiva, cualquier humano ha aprendido a prometer lo que ha imaginado o soñado, su ideal, su útopia -que es positivo porque incita la esperanza- aunque a veces justifique lo injustificable -con más o menos hipocresía- en una enajenación insistente o en una cerrazón de donde resulta muy difícil salir ya que a la razón, le enraíza "locuras" u obsesiones. El amor resulta ser el ejemplo más emblematico. Se escuda en la imaginación y envuelve la razón en un un paño de seda fragante y placentero. Aún si, la imaginación y la experiencia van de la mano. Solas no andan.

Dando Vueltas

[...] "Los grandes dicen que todo lo hacen por el bien de uno, y mientras tanto no saben sino quitarle los gustos que tiene. Dice mi mamá que lo hacen para que uno sea feliz cuando grande; pero otras veces dice que los grandes nunca pueden ser felices y que la felicidad no dura sino mientras uno es chico. ¿Cómo se entiende, entonces?" [...]

-El Niño que enloqueció de Amor-
Eduardo Barrios

Nunca y Después

Después de todo lo que vivimos, merecía que me visitaras cuando fuiste a Santiago de Chile, querida Nicole. No te digo esto con rencor, pues sólo encuentro, en mi fatigado corazón, una sensación de ternura, de dormida calidez por ti. Pero mentiría si te dijera que no me ilusioné con la idea de verte cuando me contaste por teléfono que irías un par de semanas a Santiago, a casa de tu tio el ingeniero, donde te encontrarías con tu madre.

Yo vivía entonces con Camila, la mujer de mi vida, en un pequeño apartamento en Madrid, a pocas cuadras de la universidad. Ella hacía su maestría, yo escribía. Eran días intensos que cambiarían para siempre mi vida. Tu y yo hablábamos por teléfono los domingos en la noche. Camila aceptaba nuestra amistad, no hacía preguntas indiscretas, aunque tampoco era tu más fiel admiradora, no te perdonaba, sospecho, que, en un momento de crisis entre ella y yo, tú me aconsejarás que la dejase.

Aquella vez que te llamé agitado a LA, California y te conté los detalles de la crisis; tú me escuchaste pacientemente y, con una frialdad que me sorprendió, me dijiste déjala, haz tus maletas y ándate cuanto antes de allí.

Pero yo no te hice caso. Y cuando me reconcilié con Camila, le conté, con toda imprudencia -y por eso te pido disculpas-, que habías abogado por la rutura. Si bien tomó las cosas con calma y lo entendió como una expresión de celos de tu parte -pues creía que tú y yo seguiamos jugando vagamente con la idea de ser unos amantes erráticos, perdidos, que al final de muchas batallas volveríamos a encontrarnos-, me parece que no olvidó ese incidente, que tomó nota de que podías ser mi aliada, pero no la suya. Por lo demás, tu tampoco eras demasiado cariñosa con Camila. Nunca me preguntabas por ella.

Feliz Cumpleaños Primito!


[★ Cumpleaños Feliz ★] [★ Te deseamos a ti ★] [★ Feliz Cumpleaños Bastiaaan ★] [★ Que los cumplas Feliz ★] =)


Este chiquitito ha acaparado todas las portadas de la red, bueno, como llamé tarde a tu casita Bastian -nuestra abuelita contestó- , y tú estabas durmiendo, no me queda otra que dejarte este mensajito aquí, haciendote saber que te quiero mucho y que me has dado mucho más de lo que has recibido. Devuelves esa inocencia tan dulce a mí, eres ...como decimos con el Pipe, la "alegria con patas" de la familia =) , y de eso estoy inmensa y eternamente agradecido.

Tu espontanea y soñadora forma de ver nuestro mundo sólo puede crear en mi los más puros sentimientos y, esta vez me voy a aprovechar si de tus nuevas habilidades para leer -que me hicieron recordar que cuando estuve en tu lugar, no paraba de leer todo lo que pasaba por mis manos- para poder desearte que este septimo año que ya llevas sobre la faz de esta tierra, sea de prosperidad y llena de nuevas sorpresitas para ti, mi amigo pequeño, primito más que querido, y parte del trio de primos hombres de "este lado del oeste". Te deseo con todos mis mejores deseos un:

¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS!!! =D

De tu primo que te adora y te quiere mucho

Nico.
=)



[★ Feliz, feliz en tu día ★] [★ Bastiancito que Dios te bendiga ★] [★ que reine la paz en tu vida ★] [★ ¡y que cumplas mucho más! ★]


Llamada

Querida Nicole:

Ayer, después de tanto tiempo sin hablarnos, te llame a tu casa en Los Angeles. Estaba nervioso. No sabía bien que decirte. Pensé: ojalá me conteste la maquina. Así fue. Escuché tu voz, tu perfecto ingles: Hi this is 642-5121, if you want to leave a message either for Nicole or Eric, please speak after the tone. No sé si me alegró saber que sigues con Eric. Supongo que si. A pesar de que no lo conozco, le tengo simpatía. En realidad, lo vi una vez, hace años, en Austin, una mañana en que tú y yo caminábamos felices y un chico más bien bajito, de pelo castaño, te pasó la voz y te saludó desde lejos, con una cierta (encantadora) timidez, como respetando nuestra complicidad, y tú le sonreiste y le dijiste algo de paso, y creo quedaron en verse pronto.

Tú estabas decepcionada de un pintor muy guapo, profesor de la universidad, que prometió llamarte y no cumplió. Ya te habias desencantado de Vicent. Estabas sola. Necesitabas un hombre, la ilusión del amor. No sospeché siquiera vagamente que ese chico tímido, cuyo rostro no alcanzo a recordar, se convertiría en tu hombre. Es bueno saber que siguen juntos. Por la mañana suave y distantecomo te saludó, me quedé con un bonito recuerdo de Eric.

Traté de hablarle a tu contestador con una voz cálida: Hola Nicole. Soy Daniel. Es Domingo, son las cuatro de la tarde, te estoy llamando desde mi casa en Santiago de Chile. Conseguí tu telefono en información. Espero que no te moleste esta llamada. Te llamo porque voy a ir a Los Angeles en dos semanas y me encantaría verte. Si te provoca que nos veamos, llámame a mi casa al 5602 273 5476. Me encantaría saber de ti. Si no, te mando un abrazo, espero que estés muy bien, te recuerdo siempre con mucho cariño. Chau, chau. Me sentí bien de haberte llamado.

No dudo que habrás notado mis nervios, mi inseguridad. Odiaría que hayas pensado: Otra vez el pesado de Daniel entrometiéndose en mi vida, para luego escribir sobre mi. Te llamé simplemente porque te extraño. Y no me atrevo a decirte que nunca más escribiré sobre ti. Quizás siempre escriba un poquito de ti, sobre ti, pensando en ti. Es lo que estoy haciendo ahora.Es una manera de decirte que, aunque no me llames y no me hables más, siempre te voy a querer.

Esta mañana me levante a las diez -tú sabes que soy un dormilón y que adoro levantarme tarde y sin prisa-, bajé a la cocina y vi apenado que el teléfono no había grabado ningún mensaje. Todavía no me has llamado. Sé que no me llamarás. Por eso me he sentado a escribirte esta carta.

Recuerdo bien la ultima vez que nos vimos. Fue aquí en Santiago, hace ya un par de años. Pasé pro el departamento de tu madre, a pocas cuadras del hotel donde estaba alojado y, muerto de miedo como te imaginarás, porque no quería cruzarme con tu madre, que debe estar furiosa conmigo por los libros que he publicado, toqué el timbre y, al oir la voz amable de la empleada, me animé a preguntar por Belen, tu hermana, que no sabía si seguía en LA o había vuelto a Santiago.

La Mala Educación

Es sábado. Hace frío en Lima. Joaquín ha llegado esa madrugada. Está fatigado, de mal humor, cansado de viajar tanto. Pasa la tarde con su hija menor, que está enferma, mal de la garganta. Su hija mayor está en casa de unos amigos. Joaquín y su hija menor se sientan a comer algo. Ella no tiene hambre, pide yogurt y cereales. Joaquín come sin ganas lo que le sirve la empleada, una gordita inteligente y graciosa.

De pronto llega la ex-esposa de Joaquín, la madre de sus hijas. Se queja porque su hija mayor está con sus amigos y no sabe que amigos son. Joaquín le dice que la niña ya tiene catorce años, es inteligente y sabrá cuidarse. Sofía, su ex-esposa, le dice que no deben ser tan permisivos, que deben fijarle limites para educarla correctamente. Joaquín le dice que no cree en los limites, que los limites sólo sirven para transpasarlos, que lo mejor es darle cariño y confianza y dejar que ella decida lo que es mejor para ella. Pero es una niña, protesta Sofía.

No, no lo es, ya es una mujer, dice Joaquín. Tiene 14 años, se exalta Sofía. Tiene 14, pero ya es una mujer, dice Joaquín. Luego añade una frase que encoleriza a su ex-esposa: si quiere tener un enamorado y acostarse con él, es problema suyo. Sofía dice a gritos: ¡No puede tener un enamorado a los 14! ¡No puede acostarse a los 14! ¡ No puedes fomentarle eso a tu hija! Joaquín se defiende: por mí, que tenga enamorado cuando se enamore, y que se acueste con él cuando le provoque, no me importa la edad que tenga, yo confío en ella.

Sofía no podía discrepar más energicamente: ¡No tiene edad para eso! ¡ Tenemos que ponerle limites! ¡No puede hacer lo que le dé la gana! Joaquín discrepa: Lo hará de todos modos, con tu consentimiento o a escondidas. Yo prefiero que lo haga en mi casa, con mi aprobación y mi complicidad, sin que me tenga que mentir. Sofía afirma: ¡Yo no voy a tolerar que ella haga esas cosas en mi casa con su enamorado! Joaquín dice: Entonces lo hará en otro lado, pero no dejará de hacerlo si tiene ganas. Y te mentirá, como ya te miente, porque eres demasiado estricta con ella.

Sofía dice: No puedo creer que te parezca bien que tu hija de 14 años tenga relaciones sexuales! Joaquín pregunta ¿Y a partir de que edad se supone debemos darle permiso para que tenga relaciones sexuales? Sofía no lo duda: A partir de los 18 años, antes no. Joaquín se ríe y dice: Eso es un disparate. Ella hará lo que quiera con quien quiera antes o después de los 18 años, y tu ni te enterarás. Pero si le dices que antes de los 18 no pude acostarse con su enamorado, te odiará y se morirá de ganas de hacerlo sólo para sentirse dueña de su cuerpo y de su libertad frente a ese limite tan caprichoso y arbitrario que le estás poniendo.

Sofía dice: Bueno, esta es mi casa, y acá no se lo voy a permitir. Joaquín dice: Muy bien, tienes derecho a eso. Pero en mi casa, yo sí se lo permitiré. Así que si no la dejas libre acá, se irá a mi casa y allá hará lo que quiera con su enamorado o su enamorada o con los dos a la vez, y contará con mi absoluta complicidad. Sofía se pone de pie y grita: ¡No puedo creer que seas tan estupido y hables tantas tonterias! Luego se va a una comida de la que regresará tarde.

Joaquín se queda con su hija menor. Se ríen. Ella le da la razón. Dice que su hermana tendrá enamorado cuando ella quiera, no cuando sus padres lo decidan -y ni lo sabran-. La empleada gordita y encantandora, que ha presenciado la discusión sonríe a medias. Ya está acostumbrada al caracter risueño y libertino del "joven Joaquín", a las discusiones con la señora por cuestiones morales. Joaquín le pregunta qué opina ella de ese asunto espinoso.

Ella dice: Lo importante es que le enseñen a cuidarse, joven, porque ahora las chicas rapidito no más aprenden. Joaquín se ríe y le pide una limonada más. Luego va a la cama con su hija, la abraza, espera a que se quede dormida y se queda con la cabeza recostada en la espalda de la niña, escuchando los latidos de su corazón.

Save Our Souls? / Recuerdos Agridulces.


Comienzo a creer que las coincidencias no existen. Bueno, en primera instancia, creo que todo tiene una razón, sea fisica o logica, y que por consiguiente, todo es consecuencia de una causa. Eso significaría que cada cosa que hagamos tendría una consecuencia directa en nuestro futuro.

Una de las primeras cosas que discutí con alguien por más de 3 horas, era el hecho de que las amistades son ciclicas y variables. Eso es lo que yo creo. Quizás lo digo con más proyección que experiencia, pero cuando lo discutí con esa persona, bueno ...además de decirme que sería "otro misterio que intrigará y arruinará mi vida" resolví finalmente esperar y observar.

Y sucedió. Así como yo perdí amigos a principio de este año, tambien hice nuevos. De hecho, comienzo a pensar tambien que el hecho de renovar amigos involucra un cambio en la madurez. Finalmente la vida resuelve renovarlos sin importar cuanto los necesites, pero terminas madurando con el proceso mismo de igual forma. La persona que pensaba que no perdería a sus amigas, las perdió tambien. Ahora le toca madurar...como a mi.

Es muy dulce ver a aquellos que perdiste durante cortas visitas. Y aunque suene pesimista, parece que es el único camino. Nunca pensé que diría esto, pero cerrar los capitulos tambien es madurar. El poder recordar cosas sin tener ese sabor agrio en la mente sobre una persona es madurar. O al menos superar las situaciones. Y maldita sea...me muero por cambiar eso, pero creo que sumado a cosas descubiertas ultimamente, estoy psicologicamente derrotado frente a esas puntuales decisiones. Me tienta y me sigue tentando crear oportunidades, pero no me dejan poder ver donde construirlas.

Creo que ya es hora. Si no recupero ese dulce elixir luego. Esa satifacción que sentía hasta en una pantalla de computadora por las iniciativas, el camino que se abrirá será uno demasiado cercano. Demasiado. No te engañes.

Distorsión & Obsesión

Luego de madurar la idea, una persona que quiero mucho me dijo unas muy sabias palabras. Al principio no le creí, porque yo me proyectaba hacia otro lugar, pero algo cambió. Les cuento; tomando una que otra cosa, formule mi propia idea de como se estructuran las mismisimas relaciones romanticas.

Y cuidado, que el ignorante pensará en que es lo mismo que una relación amorosa, y pasaré a explicar lo que antes no sabía. Todos sabemos el cuento del amor, de que nuestro cerebro crea feniletilamina obligando la secreción de la hormona del placer, la dopamina. En palabras simples, la euforia natural que sentimos todos cuando nos encontramos con alguien "quimicamente compatible". Y si, es cierto que el principio es quimico, pero esto va más allá de eso.

Estoy comenzando a pensar que la gente no se enamora de inmediato, y que ese lugarcito antes de enamorarse es una extraña obsesión. Y no sería raro, porque la dopamina crea un efecto muy parecido a las anfetaminas. Casi adictivo. La pregunta de los mil millones es, ¿de que nos obsesionamos?, ¿de las personas?, ¿de sus cualidades?, ¿de su fisico?, ¿o será acaso que nos obsesionamos de una imagen?, ¿de rasgos que en algún momento determinamos como lo que queriamos para estar juntos?.

Lamento en el alma decirlo, pero parece ser que es cierto. Es como que rondaramos por el mundo haciendo encajar en un molde a todo quien pueda entrar, y que se encienda una alarma cuando este frente a nosotros. Pero lo más sorprendente es que no la única manera de obsesionarse. Estoy pensando en que cuando nos encontramos con alguien que tiene algo que nosotros no tuvimos ó con alguien que encaja con algo que debimos hacer antes, nos comenzamos a obsesionar tambien.

El elixir de obsesión-enamoramiento tiene un precio y una duración. El precio es madurar, y la duración según los cientificos, es de 18 a 30 meses de sentirse apasionados y totalmente obsesionados con estar con la persona que elegimos. Luego de eso, si no nos enamoramos, todo se derrumba. El amor resulta ser la que nos une a la otra persona, y a diferencia de la obsesión, está se basa en la realidad. Se aceptan los defectos, y se unen dos personas intentando ayudarse. Ovbiamente tiene una duración mucho más extendida -y aunque no lo crean, el amor si es para toda la vida- y es más estable que el hilo de hormonas.

Agradar a la persona que de la que se está obsesionado se transforma en nuestra mayor ilusión, esa esperanza infundada que se suma a ese transtorno de atención donde todo parece magico. Increible poder mental. El hombre y la mujer estan tan bien hechos para estar juntos que hasta se fortalece el sistema inmunologico con el enamoramiento.

Y sólo hay que hacerse las preguntas, o sea, cuando estuviste enamorado y no te tomaron en cuenta, algo lo detuvo, etc, ¿no pensaste en ese molde para cada persona con la que te encontraste?, ¿como estaría yo si no te hubiera conocido?, quizas hubiera conocido a alguien más parecida a ti y estaría pasando por lo mismo en este momento. Todo estuvo y estará determinado. El tiempo se pausa. El corazón late cuando escucho tu voz en la mañana del sabado.

Si hacemos cosas increibles por probar que somos fieles. Y algo de eso es cierto, sólo los más inteligentes son fieles. Paradogico, porque de esta forma hay gente que sufre en todos lados, a pesar que las hormonas distinguen esos rasgos para mostrar compatibilidad, lo común es que nos unamos a gente con otro tipo de inteligencia con la intención de complementarse.

Así tambien, la gente inteligente es la que mejor se deprime. Y no es que sea bueno, como me decía un psiquiatra, "la gente inteligente tiene más herramientas y razones para deprimirse que los tontos, especialmente los adolecentes". Supongo que me hablaba de depresiones existenciales y todo eso, ¿porque estoy aquí?, ¿que debería estar haciendo?, ¿buscamos la felicidad?, etc. Se estima que el 90% del amor obsesivo es proyección a futuro. Preocupante eh!

Bueno, y la des-ilusión. Uff. Hay que aguantarsela y esconderla, envenenarse el alma para sanar, como una vacuna contra el amor.

Ensueño o engaño

Ensueño o engaño
pestaña de limusina
pequeña, con tu cara bonita
vierte una lágrima en mi copa
veo con tu ojos
lo que significa para mí
dulces tartas y batidos
soy ángel de ilusión
desfile de fantasía
quiero que sepas lo que pienso
que no tengas que adivinarlo
no tienes ni idea de donde vengo
no tenemos idea de donde vamos
lanzados a la vida
como ramas en un río
fluyendo río abajo
presos de la corriente
yo te llevo a tí
tú me llevas a mi
Así es como podría ser
¿No me conoces?
Aún no sabes quien soy.


Disconnecting...

Y aquí estamos de nuevo. Parece ser que de verdad son miles de ciclos. Extrañamente duermo y duermo y sigo cansado. Hoy en la tarde supuse que dormir todo el viernes daría -lo suficiente- como para levantarse un Sabado como ayer a las 7. Y si pude. Ni tan inhumano. Por cierto, terminé mi trimestre en mi colegio, el día miercoles tuvimos la ultima prueba y mi promedio me lo entregaron el viernes. El caso es que llegue a la casa...a las 5 ¡Y me bote en la cama como si no hubiese dormido en 3 días!

Actualizando a la gente, no tengo internet. Increible paradoja, mi papa trabaja en Telefonica Empresas. Y se reestructuró el servicio hace poco. De hecho, esa es la razón de la no actualización de este Blog. Tengo el modem, pero todavía no encuentro el router para conectarlo al PC. Por supuesto, ningún laptop tiene Wi-Fi tampoco. Llenos de cajas, no tengo ni ganas de empezar a desmontar. Sólo sacamos lo imprescindible para vivir. Igual me deshice de muchas cosas que juntaba y que ahora no son más que basura. El internet debe estar en alguna caja...supongo.

Me siento como si todavía estuviese en clases. Con la misma presión bajo los hombros. La carrera que si no corres, pierdes. Como si todos creyeran que ese es el norte. Todavía desacelerando. Mucha gente que no veo y que podrían llamar. El delgado hilo de las relaciones humanas.

Hace tiempo quiero ir a algún lugar a ver las estrellas. La ciudad es ahogante. Más aún cuando lo único que existe en incertidumbre climatica. Esta ciudad simple y llanamente no tiene una tendencia. Un día llueve -y ya no puedo salir en bicicleta- otro día hace calor. Y para que hablamos del sol. Las noches frías...muy frías.

¿Donde estoy? Como para tener internet...claro. En el cumpleaños de Coto, un amigo. Hizo un tarreo para celebrar, así que aquí estoy -por primera vez- con mi tarro, y no con alguna "lata", igual las laptops me facilitaban la vida. Nada de cables. Así que robando internet. Increible eso. Cada vez más dependiente de esta cosa. Apenas encuentro un lugar donde haya, rapidamente actualizo todo lo que puedo.

Nada más queda. Debe ser el cansancio. =X